No piense que la playa es para ir únicamente en verano. En los días soleados de invierno -bastante frecuentes- puede dejar de añorar la época estival, paseando a lo largo del malecón, mojándose los pies en el mar y respirando la brisa marina.
Un impresionante acantilado fosilizado, paisaje protegido, enmarca la playa. Aquí quedaba la frontera donde llegaba el mar hace muchos millones de años. En la cima se encuentra el encantador Convento de los Padres Capuchinos, erigido en el siglo XVI. Rodeado de cuidados jardines, que todos los veranos se animan con un Festival de Música, es un excelente mirador sobre la playa.
Al sur del paisaje protegido, separado de la playa por un cordón de dunas, la Laguna de Albufeira es un excelente lugar para la práctica de deportes a vela.